FILOSOFÍA

Nuestra doctrina se fundamenta principalmente en la consciente y objetiva ejecución (y en ocasiones, necesaria supresión) de cada una de las acciones cotidianas.  
Dicha tarea, conocida como DISOLUCIÓN, es apenas una de las labores ligadas al campo de la MEDITACIÓN; quizás la más relevante, y, de igual manera que las demás, constituye un principio fundamental en el que el adepto y aspirante a Obrero Celeste está obligado a mantenerse firme, si de verdad anhela culminar con éxito la elaboración de su Primera Obra.  La Gran Obra de la alquimia.   

SOBRE LA MEDITACIÓN

El terreno iniciático está plagado de peligros inusitados que para el neófito resultan sumamente difíciles de sortear. Por esta razón, los Supremos Filántropos han ido dando a conocer toda clase de técnicas a través de los siglos.  Algunas de ellas muy eficaces.
Podríamos aseverar que todas esas metodologías están inscritas en el vasto campo de la meditación. Por desgracia, el verdadero concepto de tan prominente ciencia, ha sido tergiversado con intenciones oscuras.
Quienes piensan que meditar consiste solo en sentarse con las piernas cruzadas y los ojos cerrados, se distancian de la verdad.  
Cuando no existe una observación consciente y un auto-juicio constante, dicha práctica se convierte en una total pérdida de tiempo.
La meditación, en la correcta ejecución de sus dos facetas, es la indiscutible solución a todos los males. Aquella panacea que otorga facultades extraordinarias al adepto y que le permite liberarse de todas las tribulaciones de la carne. 

MEDITACIÓN EN REPOSO

La meditación proyectada en su forma objetiva (cuando la envoltura física se halla en un estado de inactividad) tiene como cimiento primordial la quietud absoluta de la mente y el corazón. Lo que de una forma sencilla, pero concisa, significa NO PENSAR.      
Los factores externos distraen al estudiante y pueden llegar a crear una mayor dependencia.
La postura -al igual que las condiciones externas- depende de la intención del individuo.  A más comodidad, mayor esfuerzo.
Transmutar, sublimar y transferir la materia caótica, efectuar curaciones, “zafarse” del vehículo físico,  activar los chakras, etc., son algunos de los principales propósitos de esta clase de meditación.
El “ceñido de los lomos” es un asunto para adeptos de recia voluntad.

MEDITACIÓN DINÁMICA

La meditación dinámica se lleva a cabo mientras el cuerpo físico se encuentra en actividad.  O sea, cuando se hace uso de él para desempeñar alguna labor en el mundo tridimensional.
Acallar la mente y mantener el corazón sereno cuando se está atareado,  impulsa y  fomenta la recta ejecución de las conductas cotidianas, y, como consecuencia, provoca la paulatina expansión de la conciencia.
A través de dicha metodología es posible potenciar aspectos vitales, interrelacionados, como, la transmutación, la disolución de los yoes (en una medida más lenta) y la sublimación.
“Ceñir los lomos” durante este tipo de meditación demanda una enorme fuerza de voluntad y un estado de conciencia superlativo.

TRANSMUTACIÓN

Sin combustible no hay transmutación. Sin transmutación no hay disolución, y, sin disolución, la iniciación indudablemente no existiría. 
A pesar de que transmutar sin desintegrar sí es posible, tal práctica no es recomendable ni provechosa. 
Quien, de forma insensata, se atreve a despertar a la serpiente ígnea sin antes haber comenzado a fundir sus yoes y en su lugar despilfarra el aceite de su vasija durante los intervalos de inconsciencia, indudablemente cae en una terrible desgracia.   
Encadenar al deseo, teniendo conocimiento de la existencia de la valiosísima ciencia de la transmutación es
-por otra parte- un completo absurdo.    
La clave del éxito, en este ejercicio, radica en la postura y la respiración.

OBSERVACIÓN

Para lograr desarticular al oscuro y multifacético usurpador mental, es imperioso formarse en la permanente observación consciente.
Todo comportamiento rutinario puede ser considerado -en cierto modo- un vicio.
Dichas conductas mecanizadas son el alimento de la inconsciencia, por lo cual es menester rendir a cada una de ellas a un exhaustivo y minucioso juicio.  Luego de haberles descubierto, por supuesto.  
El aspirante sensato permanece siempre vigilante y desconfía de todas sus actitudes.
El adepto que consigue auto observarse y entender el origen y la finalidad de sus acciones, descubre las debilidades de su enemigo psíquico, dando así el paso previo al camino iniciático.   

DISOLUCIÓN

A la imprescindible fase de comprensión le sigue la de la disolución.
La mera comprensión, junto con la ayuda del Triridios, es suficiente para debilitar a los subyugantes enemigos psíquicos.
Cuando el ego es sometido al ignoro, no accediendo a sus desmedidos propósitos, comienza a desvanecerse lentamente.
Ninguno de los componentes de la gran obra da buenos frutos mientras el adepto no esté en capacidad de conquistar su territorio psíquico.
Quien desee salir victorioso tendrá que librar fatigosas contiendas contra el irreverente venom individual.
El iniciado debe armarse de una acérrima voluntad a fin de no desfallecer en el arriesgado y tortuoso «camino del filo de la navaja».